Razón e interpretación

He aqui la parte emotiva, susurrando comenté tu destino. Quizá solo interpreto señales del mundo, quizá interpreto las mías. Los cuerpos sumergidos en deseo tienden a la revelación, al éxtasis, y al olvido del ser. Poco a poco, trato de verificar y medir por medio de la razón. Pero creo que en estos caminos sólo nos acompañan los recuerdos; aquellos que no se van y permean la soledad de la existencia. Por eso, ahora trato de no interpretar la música de tu cuerpo y la poesía de tu mirada, pues sé que me perdería en tus múltiples lenguajes que no dicen nada pero que lo expresan todo.

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La madre y la niña.

Soltaste una lágrima, despacio y tranquila preguntaste por tu hija. Ahora tu hija pregunta por ti. Y poco a poco, madre e hija se identifican, se hacen cómplices y poderosas. Tomáste entre tus brazos a tu hija y ahora tu hija toma tus manos. Pensar en ello me pone sentimental, me pone a recordar la primera vez que te vi, y te dije: te amo. Eso provocan en mi tus latidos, y su sonrisa. Almas de madre e hija, unidas en tiempo y espacio. Unidas en mente y espíritu. A través de los mares y soles de esta tierra, ahora son el amor y la pureza de mi historia.

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El vuelco

Hace días te pensé desnuda. Te vi cuando movías tus muslos y andabas buscando rosas en el jardín. Poco a poco me animé a verte más a la luz. Vi tus pechos susurrando con mi imaginación,  algo habrán de planear para las noches. Quizá algún escape, tal vez, una búsqueda de lugares oscuros y alejados. Esos lugares no se encuentran facilmente,  sólo se llegan a ellos a través de la pasión y la lujuría. Se acceden a ellos por medio de los besos en silencio, de caricias en silencio y de palabras cargadas de imágenes multicolores que me hacen decir tu nombre a todas horas.

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La isla

Me propuse viajar. Sólo naufragué. Silenciosa fue la tormenta, solo en mis sueños la escuché. Tranquilo miré al cielo, pues los rayos y la lluvia se han alejado. Ahora retorno con mi balza cargada de pescados y unos cuantos milagros. Milagros viejos, olvidados, adoloridos por los traqueteos y empujones en el camino. El mar ya tranquilo me decía por las noches: enúncialo, enúncialo. Durante algunos días me pregunté por aquello pero no podía saber a qué se refería. Al final,  y ya con mucho cansancio lo dije. Lo enuncié, tu nombre. Ese nombre resonó por las estrellas y repicó en mi corazón.

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Olores y sabores

Hay olores y sabores que nunca se olvidan.
De ti, el olor a despertares y consagraciones. Un aroma dulce y cálido, bastante surrealista y conductor de la locura humana. Ese olor a mañanas nacidas con la lluvia, con la hierba que  quema el sol y la luna.
Esos olores de tu templo, me dirigen a sabores inmemoriables. Sabor a ti, tan agradable al gusto, tan rico, excelso y encantador. Me como tus sabores, como se consume la llama, así como también mi espíritu. Hay olores y sabores tan exóticos y tan amargos que quizá deban pasar rápido por mi memoria. Pero también existen aquellos que le son perpetuos a mi alma. Alma de ti y de mi, tan cerca del cielo anecdótico y mítico. Esos olores y sabores son todo aquello que es placer, destrucción y construcción. No soy yo quien respira y se deleita con tu ser, es tu ser almidonado y taciturno el que recuerda y añora en dias actuales y venideros. Añora la flama y la espera, añora las fauces y las noches estrelladas. Y finalmente, olvida los dias oscuros.

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Sombras

Hay una presencia oscura, lejana, turbia, y maldita. Son los fantasmas de tu mente los que te sirven de escudo. Eres como la hidra, como el tridente de Poseidón, tan fuerte y tan señor en los mares, brillante en los abismos, pero se te escapa las tumbas y los restos de las grandes ciudades devastadas por tu ira.

Hoy te escucho, resuena en todo momento y en cada segundo los latidos de tu corazón. La marca de las sombras es perpetua en tu anima y memoria. Pero las sombras penetran la estancia y la incertidumbre. Penetran la idiosincracia.
Marcho hacia las orillas, calculo las distancias, pero silencio que ya he llegado muerto, porque quien esta aqui, delante de ti es mi sombra.

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El fado y la guitarra

Me he puesto a pensar, que nuestro amor es como el fado portugués  y la guitarra española. Una a otra se complementan, son las manos derecha e izquierda del piano, y quizá suenen tristes al unísono pero esta melancolía es libre, es potencia.

Nuestra historia ha sido la ruta azul, movida por fuertes olas de mar, con ritmos intensos. No sé si yo soy el fado o la guitarra, quizás soy uno y otro en determinados momentos. Momentos definidos por la danza de tus muslos y por tus nalgas. Al compás perfecto de tus pechos, tan ricos, tan suaves, tan tuyos, tan míos.

Las cuerdas marcan no sólo el tiempo sino la intensidad de nuestros labios. Labios lastimados, que hoy buscan por encontrarse, quizá se encuentren el día que bailen nuestros cuerpos juntos, a la luz de las lunas. Lunas de otros planetas, esas que salen en historietas y en pláticas de gente bizarra.

Y aunque nuestra historia es una, en ella residen miles de anécdotas complejas y puras, que han sido marcadas por Dios.

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Opcional, usar cuerdas de violín o de mecate.

Desilucionado de las semanas o de mí.

Translúcido es el destino, tan amable él.

En el día no se percibe el erotismo, es muy raro que aparezca.

Mis manos, mi sexo y mis ojos están en espera de la huída de ese frío hacia el horizonte.

Ya no más, me dije. Y es que sacudieron los temblores bajo tus pasos.

Aletearon las mariposas cuando escucharon tus cantos.

Mis palpitaciones se precipitaron con tus curvas, con tu olor a sexo remoto.

Es opcional usar las cuerdas de violín o de mecate para estrangularte el alma.

Lo que no es opcional es sufrir de esta manera. Sufrir, lentamente o de golpe, nunca fue tan cierto, tan cercano, tan admirable y temido.

Sólo hay que esperar a que los corazones se armen de valor, se tomen de la mano y se transformen en deseo. Que nuestro sexo se sumergan en pasión y lujuría, tan agridulce que sea sagrado, tabú, e innombrable el sólo pensarlo, sea pecado al reclamarlo. Un pecado ateo no cristiano.

Esas opciones se hacen cada vez más fuerte, aquellas, las del mecate. No pretendo ahogarme, pero las aguas del mar te invitan a no regresar a la superficie. Pero no lo haría, no me sumergiría, ya que no podría vivir sin ti. Vivir no es opcional, pero morir es tan seductor, se proclama un encanto.Es un hogar, una aldea que yace en flamas.

El fuego no me quema, lo único que lo hace es la falta de tu cuerpo, la ausencia de la chispa de tus labios. Opciones hay muchas, pero el no tenerte esa no es opción, es un martirio extranjero. Tan extraño, como el escucharte en el horizonte, cuando retumban esos ecos que poco a poco llegan a mí y me dicen: aterriza, deja el arrullo.

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La aurora, el viento nocturno y tu sonrisa.

Ha de abrirse el mundo ahora con tu sonrisa.

He de caminar por las noches pensando en ti.

Trataré de insistirle al viento que no me lleve lejos.

Optaré por mirar el alba en las mañanas.

Pronunciaré tu nombre bajo la aurora.

Marcaré con mis dedos tu cuerpo, lo dibujaré lo más fielmente posible.

Nadaré entre hierbas, follaje y frutos en los bosques.

Buscaré aguas cristalinas para limpiar todo acto de silencio.

Tomaré las armas y marcharé en la campaña, porque sé lo que soy y lo que fuí.

Viajaré, a través de tu sueños y me convertiré en caballero noble y señor del tiempo.

Lo haré, estoy dispuesto, sólo para ver resplandecer la aurora, sentir el viento nocturno y escuchar tu sonrisa.

Sólo para contemplarte y ver que estás feliz.

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Armonía

Notas sostenidas impulsan mi avance hacia ti. Un avance precipitado, pero muy seguro de su meta. Y al andar, cada momento se transforma en pulsaciones constantes. Caen gotas del cielo y pegan directamante en mi espalda, quiza el frio que se siente, me mantenga despierto. No quisiera saber que me encuentro en un arrullo, quizá lo esté, pero ni el llanto de Dios, ni la bruma de la noche me ocultarán tu melodía. Pero sobre todo, nadie me apartará de tu armonía. 

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